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Tuesday, November 16, 2010

20 billones

El pasado jueves 4 de noviembre salió un anuncio en el periódico El Norte donde la Procuraduría General de la República (PGR) anuncia una recompensa a quienes “proporcionen información relevante y útil (sic) que coadyuve eficazmente (sic) para dar con el paradero de catorce menores de edad, así como para la localización, detención o aprehensión de los probables responsables de los delitos de tráfico de menores y delincuencia organizada”. (Para mayor información sobre lo que sucedió en Casitas del Sur y cómo estalló el escándalo de los niños desaparecidos, favor de echarle un vistazo a un artículo del Universal del 22 de junio.)

El desplegado de media página del 4 de noviembre es firmado por la PGR, la Secretaría de Defensa Nacional, la Secretaría de Seguridad Pública, la Secretaría de Gobernación y la Secretaría de Marina. Se ofrece un total de “15,000,000 millones de pesos” por la información concerniente al hallazgo de los menores y “5,000,000 millones de pesos” por la información útil para atrapar a los tres sospechosos de traficar con los menores.

El único detalle aquí es que si sumamos ambas cifras se llega a un total de 20 billones de pesos. Esto es, 20 millones de millones de pesos. O sea, aproximadamente 6 veces el Presupuesto de Egresos de la Federación para el 2011. De ese tamaño lo ofrecido por los angelitos…

¿En manos de quién está la búsqueda, hallazgo y futuro de estos niños? ¿En manos de alguien que no sabe ni redactar una cifra en un triste desplegado de periódico y que cuenta con “todo el apoyo” de las instituciones que supuestamente abarcan el monopolio del uso de la violencia legítima del Estado mexicano? ¡¡Por el amor de dios!! Pobres niños…

Y así nos podemos seguir, día tras día con noticias de corte surrealista, más que espectacular: el 16 de noviembre aparece también en El Norte que tan sólo el 0.18 por ciento de las multas que ha impuesto el gobierno federal a funcionarios corruptos o por daños causados al erario se han podido cobrar. Esto es, sólo se han cobrado 74 millones de pesos de los 40,000 millones dictaminados en los últimos 18 años. El pago del resto se encuentra atorado en litigios o de plano ignorado al 100%. O también la tan cacareada y realista cifra de que no más del 2-4 por ciento de los casos policiacos son resueltos en nuestro país, mientras que en los E.U. es justo lo contrario, no más del 5 por ciento queda sin resolver. O la tétrica cifra de que 8 de cada 10 mexicanos que salen de la secundaria tienen dificultades para multiplicar. O el hecho de que se tiene al ejército en las calles para que los norteamericanos dejen de meterse quién sabe cuántos tipos de drogas en su cuerpo y no pase absolutamente nada al respecto, con excepción de unos 30,000 muertitos y contando, en una guerra sin sentido y sin posibilidades de victoria para el Estado mexicano.

Mi punto es el siguiente: el Estado mexicano no es un Estado fallido, sino un Estado colapsante. Sus fallas son generalizadas y sistemáticas. Ciertamente no se originan con la llegada de Calderón al poder, no obstante se acelera de manera brutal con la iniciativa del Presidente de combatir al narcotráfico con el ejército y de manera frontal, sin mucha inteligencia que digamos. Cada acto de barbarie por el narcotráfico se celebra en círculos oficiales bajo la torcida lógica de que la estrategia está funcionando, ya que de otra manera los cárteles no reaccionarían de manera tan violenta; mientras que el consumo y el precio de las principales drogas en el mercado norteamericano no cambian lo suficiente para ofrecer resultados reales que alienten a creer que la lucha armada pueda llegar a un fin digno.

Las políticas fallidas de un Estado colapsante como el mexicano se inician en su era neoliberal, hace más de 24 años, cuando se hace a un lado prioridades otrora esenciales para el desarrollo del Estado mexicano en su conjunto (y no sólo que beneficiase a algunos intereses poderosos, como ocurre en la actualidad), como la educación, la salud, la alimentación, la vivienda y una política coherente de distribución del ingreso. Ahora se vive la culminación de años y años de negligencia institucional y de un falso patriotismo macroeconómico (actitud más ingenua que maliciosa, para ser exactos) que benefician a los accionistas de Nueva York y Europa y uno que otro vival mexicano y que empeoran la situación nacional de manera diaria.

De ahí la importancia de entender la diferencia: un Estado fallido puede jamás detectarse formalmente de manera ex ante, tan sólo de manera ex post. Un Estado colapsante se puede detectar a tiempo y eso lo entiende muy bien los Estados Unidos. Hillary Clinton anda feliz de la vida diciendo que hay narcoinsurgencia en México y que los Estados Unidos puede hacer algo al respecto. La narcoinsurgencia encaja perfectamente en una lógica de Estado colapsante, pero no en una lógica de Estado fallido. En un Estado colapsante, donde el Estado literalmente se está cayendo a pedazos, la narcoinsurgencia puede tener solución: la cada vez mayor incidencia de los estadounidenses en nuestros asuntos de Seguridad Nacional. Mientras que en un Estado fallido no hay nada que hacer, nada que rescatar. De ahí lo inútil de debatir sobre si el Estado mexicano es fallido o no lo es. Pura pérdida de valioso tiempo.

El México de Don Porfirio fue un Estado colapsante durante sus últimos 15-20 años. Se convirtió en fallido en cuanto triunfa la Revolución Mexicana. Siempre con la intervención de la Embajada estadounidense, como ya es costumbre en nuestra historia tan llena de héroes muertos. ¡Pobres habitantes de las casitas del Sur… tan lejos de dios y tan cerca de los Estados Unidos!

Sunday, August 29, 2010

La justicia ya no se compra en México

En efecto, por más dinero que se tenga, la justicia ya no se compra en México. De ahí el éxodo de mexicanos al extranjero de las clases acomodadas. Desconozco si es un éxodo masivo, pero en los estados del norte del país, la gente pudiente, si en verdad puede, se va del país.

Generalmente, los niveles de corrupción e impunidad son altos en México, pero últimamente el ejercicio cotidiano de la corrupción ha sido superado por la dinámica de guerra que se desenvuelve a pasos agigantados en nuestro país. Esta dinámica provoca que ciertas acciones de la sociedad y el gobierno se empiecen a ver como normales y lógicas ante una sucesión de acontecimientos lamentables.

Por ejemplo, en Monterrey, los bombazos, asesinatos, secuestros, balaceras, levantones y patrullajes militares y de instituciones privadas son cosa de todos los días. En Tamaulipas el asunto está todavía peor. El norte del país, desde Tijuana hasta Matamoros, se ha convertido en tierra de nadie. Antaño era una costumbre aceptada por la sociedad que la justicia se llevase a cabo con prontitud y eficacia en la medida de que se pudiese pagar por ella. Así funcionaban las cosas.

En la actualidad el dinero vale poco para hacer justicia. Los intocables (gobernadores, presidentes municipales de ciudades importantes, diputados, senadores, funcionarios públicos de elite, generales, millonarios, empresarios poderosos tanto mexicanos como extranjeros, el Jefe Diego, el cuerpo diplomático acreditado en nuestro país, etc.) ahora ya son tocables y eliminables. El dinero ya no sirve para protegerse de las dinámicas de guerra, entonces los pudientes se espantan y se van a vivir a Texas, California, Nuevo México y hasta Arizona. Cuando ellos se van, se llevan a sus familias y su dinero. Lo cual es una verdadera lástima, ya que estas personas son gente brillante y hábil para sacar adelante al país. Vil sangrado de capital humano y financiero, por plantearlo de alguna manera.

La decisión se toma relativamente rápido y de manera eficaz: la familia y el dinero se van a los Estados Unidos de manera inmediata y la cabeza de familia se da una vueltecita semanal a México a atender los negocios, con guaruras, carros blindados y toda la cosa. La otra decisión, la de regresar a México, ésa va a tomar tiempo considerarla y llevarla a cabo. La familia debe estar convencida de que las cosas han regresado a la normalidad en México y que es relativamente seguro volver a vivir en el país. Mientras se toma o no la decisión de regresar, los niños van a escuelas gringas, se empieza a apreciar un verdadero clima de estabilidad y seguridad en una sociedad un poco ajena, aunque no mucho, a decir verdad. Empiezan a surgir la oportunidad de hacer business en los Estados Unidos y paulatinamente la familia y el capital echan raíz en los Estados Unidos.

De manera paradójica, muchos de los businessmen que tienen a sus familias viviendo en los Estados Unidos, son los que forman parte de empresas e instituciones que pagan desplegados en periódicos donde le piden al Presidente que envíen mas tropas a la ciudad. ¡Más batallones y Mexican Marines por el amor de dios, Señor Presidente! Algunas empresas tienen sus propios cuerpos de seguridad que patrullan las calles que de vez en cuando son agredidos, levantados y asesinados por los sicarios a la orden del cartel de moda en la ciudad. Entonces, la empresa saca sus propios comunicados de prensa (generalmente todos chuecos e incompletos) y adopta el mismo modus operandi de las autoridades locales, estatales y federales: desinformar a la ciudadanía mediante la creación de una realidad propia, completamente ajena a la realidad real. ¿Al cabo que quién va a investigar si lo que decimos es verdad o no? ¿A quién le importa? De no ser por una que otra aportación de la ciudadanía vía las redes sociales y una que otra agencia independiente (¿El Blog del Narco?) y de las acciones tomadas contra viento y marea por algunos familiares de las víctimas para aclarar lo que en realidad pasó… Nadie dice o hace nada.

Y no es para menos. ¿Quiénes son los malos aquí? ¿Únicamente los narcos? ¿Las policías infiltradas por tal o cual cartel? ¿Uno que otro general comprado? ¿Funcionarios federales o estatales coludidos con el crimen organizado? ¿El taxista que la hace de halcón? ¿Los miembros del ejército que violan los derechos humanos de los mexicanos o que plantan armas en las manos de inocentes después de asesinarlos? ¿El policía que aparece en la narco nómina o que arresta sicarios y en lugar de llevar a los arrestados al Ministerio Público los entrega a grupos rivales? ¿El narcovecino? ¿Los ninis armados hasta los dientes? ¿Los que compran y venden ciertas plazas de la PGR por quinientos mil dólares? ¿Los gringos que se meten todo lo que pueden en la nariz o las venas? ¿Los comerciantes de armas de Arizona y Texas? ¿Los asesores gubernamentales norteamericanos que hacen y deshacen en México cosas que ni en sus peores pesadillas harían en los Estados Unidos? ¿Quién carajo son los buenos, pues?

Mientras, la verdad, tenemos un presidente que es muy honesto y sincero: Esto se va a poner peor de violento. El ejército no regresa a las barracas mientras yo esté en el poder. No sabíamos en la que nos metíamos, no calculamos la respuesta tan fuerte del narco ante nuestras iniciativas de combate al narco. Desgraciadamente la honestidad no basta a estas alturas del partido. Hay que tomar acciones que brinden resultados.

La ciudadanía en general percibe que la estrategia actual no sólo no brinda resultados, sino que ha empeorado las cosas. ¡A grado tal que ya ni la justicia se puede comprar en este país! ¡Ave María Purísima! Conforme la sociedad haga a un lado el contrato social con el gobierno y empiece a tomar medidas correctivas bajo iniciativa propia, en ese grado el Estado es un Estado fallido, aunque yo actualmente prefiero el término de “colapsante”. Todo mundo dice y trata de hacer lo que puede en la tierra de nadie. De ahí que muchas personas inteligentes y con dinero abandonen el país. No los culpo, nada más que ahí les encargo que no anden firmando desplegados de que le echen más ejército al problema. Valiente lío.